lunes, 10 de septiembre de 2007

Curso nuevo, libros viejos.

¡Hola corazones!

Por fin he terminado los exámenes que ahogaban y teñían de sosos correos este blog, y ya puedo volver a las entradas en las que escribía lo que pensaba o traía amplia información acerca de un tema en concreto. Hoy que he terminado yo, precisamente, empiezan el curso escolar otros jóvenes de menor edad, los de enseñanzas obligatorias.

Empieza el nuevo curso pues, pero muchos de los niños de Primaria y Secundaria tendrán el privilegio de no estrenar libros. Con lo que mola estrenar... Y es que resulta que el Gobierno de Aragón se ha apuntado a esa sugerencia surgida del gobierno central: que los libros en el periodo de escolarización obligatorio debían de ser gratuitos.
Esta iniciativa lleva construyéndose ya desde hace varios años, pero ha sido en este curso recién estrenado hoy en el que todos, desde 1º de Primaria hasta 4º de Secundaria, no tendrán que comprar los libros para "el cole". Aunque supone un gran ahorro para las familias, todavía cuesta mucho eso de educar a los hijos. Y es que realmente resulta caro estudiar hoy en día, sea en nivel educativo en el que se encuentre la persona que ejerce ese estudio.
Las diferencias se hacen más notables si se estudia en un centro público o privado, así como si tenemos en cuenta el uso o no de uniforme y otros gastos derivados, como el "plan renove" que los niños siempre llevan en mente de cualquier cosa que tenga más de 6 meses. Por no hablar de las dichosas marcas...

Lo bueno de todo esto es que me ha dado por pensar que ya desde pequeños entramos en "el juego del comercio", formamos parte de la oferta y la demanda. A fin y al cabo (y aunque seamos demasiado jóvenes) tenemos nuestros vicios, además de una serie de necesidades básicas, que cumplimentar. Lo malo llega cuando sin darnos cuenta hacemos daño porque algún compañero nuestro lleva unas zapatillas que no son de la marca X o su chándal no lleva esas 3 rayas blancas de las que todo el mundo habla. Creo estar en lo cierto, aunque suene exagerado.
Afortunadamente, conforme pasa el tiempo nos damos cuenta de lo diferentes que somos todos y cada uno de nosotros y aprendemos a respetar a los demás con sus características, que al fin y al cabo sólo nos diferencian de los demás y nos hacer ser nosotros mismos, y no nos hacen peores ni mejores. Finalizo ya con esta reflexión que me ha venido y no esperaba que saliera.


P.D.: Me alegro de que se apueste por la educación y se den ayudas para hacer posible y accesible a todos desde bien jóvenes la enseñanza. ¿Qué os parece esta medida? ¿Creéis que es, hoy en día, estudiar? ¿De qué os quejáis más y qué soluciones proponéis?

Hasta pronto corazones.

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