domingo, 10 de agosto de 2008

¡Vivan las fiestas de San Lorenzo!

¡Hola corazones!

Acabo de volver Huesca y he de reconocer que las fiestas de San Lorenzo merecen la pena. Trataré de resumir lo que para mí han sido el mejor inicio de las fiestas oscenses, quizás por ser la primera vez y pasarlo genial durante mi estancia.

Madrugué para coger el bus que a las 9 y media que nos llevaba rumbo a Huesca para vivir el chupinazo y la primera noche de fiestas oficiales en la capital del Pirineo.
La verdad es que no defraudó nada: ataviado con mi "uniforme de fiestas guarras" y el típico pañuelico verde al cuello, fuimos callejeando y manchándonos con vino para llegar poco a poco al centro mismo de la plaza del Ayuntamiento. ¡Y qué explosión de todo! Alegría, garrafas, emoción, júbilo, agua, pisadas, empujones... Y hasta una caída con 5 o 6 personas encima mío y yo esperando a que algún alma caritativa me consiguiese sacar de ese angustioso lugar que se situaba entre el empedrado del suelo y el culo de un chica.
Tras ese momento, a secar nuestra ropa al sol mientras caminábamos encontrándonos con gente conocida en cada esquina. Y como a las 4 y media ya teníamos hambre, pues nos fuimos a casa de la amiga que nos había invitado a comer. Aprovechamos su casa para ducharnos y descansar, además de aprovecharnos bastante de la buena caridad de su madre... Estuvimos toda la tarde jugando a las cartas y, tras cenar, nos fuimos de marcha otra vez.
Por la noche, de botellón hasta las 2 y media de la madrugada, riéndonos bastante con las amigas de la anfitriona. Y a las ferias directamente fuimos, para bailar allí las 4 o 5 horas que nos quedaban aún para volver a casica. Pude ver de nuevo a mucha gente conocida por allí y a la que no quedé directamente para estar un rato con ellos y verlos.
Ya a las 6 pues nos empezamos a dormir por eso de que el cuerpo humano tiene un límite físico y mental y porque después de casi 12 horas despiertos pues como que ya estaba cerca dicha frontera.
Al día siguiente me levanté a la 1 del mediodía y al rato ya nos dispusimos a comer. Ocho personas que estábamos, el doble de lo normal, y es que la mujer se esmeró demasiado con nosotros como invitados. A las 4 y media hemos cogido el bus de vuelta a Zaragoza para descansar por fin en mi cama, que ya había ganas también.
Resumiendo el fin de semana, vi a bastante gente conocida, pero la verdad es que quería y esperaba que fueran más. Aun así, me lo pasé genial, y creo que este año se ha superado el listón tan alto que puse con las del año pasado, cuando me quedé dos días. Creo que se disfruta mucho más cuando sólo es 1 noche, y más si por la mañana has tenido el chupinazo, que es genial.


P.D.: El año que viene se vuelve, está claro, porque son geniales estas fiestas. ¿Habéis estado alguna vez en Huesca? ¿Y en las fiestas de San Lorenzo? ¿Qué os han parecido?

Hasta pronto corazones.

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