martes, 10 de mayo de 2011

Mi Twitter es mío.

¡Hola!

De nuevo por aquí y es que cuanto menos tiempo se tiene que "perder" en el ocio más cosas te vienen a la cabeza para hacer. En esta entrada quiero expresar mi opinión acerca de la redes sociales y la privacidad que tenemos o no en ellas.


Hace un par de días se publicó un artículo en la versión digital de "El País" que lleva por título "Mi Twitter es de mi empresa" y que analizaba algunos ejemplos en los que la delgada línea entre lo personal y lo profesional se desdibujaba. Cuenta casos en los que ciertas personas fueron despedidas de su trabajo por verter opiniones personales negativas sobre la empresa en la que trabajaban. Además, expone las consecuencias que han tenido estos hecho judicialmente hablando y cómo las empresas tratan a sus empleados según su apertura o no a estos medios.
Debo decir primeramente que entiendo la posición de una empresa que, conocedora de que hoy en día ganarse una buena reputación y opinión por parte de sus consumidores y empleados cuesta mucho, quiera preservar dicha imagen que enseguida puede esfumarse gracias a la rapidez con que se mueven las redes sociales. No obstante, no entiendo ni comparto la posición de algunas de ellas que restringen o censuran total o parcialmente lo que sus trabajadores puedan decir de ella. Se supone que deberían cuidarlos tanto o más como a sus clientes, precisamente porque conocen mejor a esa empresa y su funcionamiento interior y podrían hacer que su visión.
No es nada fácil separar el lado profesional de alguien de una cara más personal, y es algo que las personas famosas y/o populares (las relativamente conocidas por el resto de la sociedad) llevan aguantando como "gafe de la profesión" desde siempre, la violación de su derecho a la intimidad y a la libertad de expresión, ambos principios muy ligados y relacionados con el tema de esta entrada. Hay que saber diferenciar y separar la vida privada y personal de alguien de su tiempo y trabajo en su correspondiente profesión. Quizás simplemente basten unas pequeñas y sencillas claves que entren en el sentido común, la tolerancia y el respeto mutuo pero que no violen el derecho a expresarse libremente ni la intimidad o privacidad de una persona y de igual manera que no merme la productividad en su puesto de trabajo.
Aun así, ya digo que el objetivo o el método para conseguir una buena imagen no es censurar o cortar comentarios personales sino cuidar al cliente y al trabajador para que no opine negativamente. No se trata de evitar que diga algo, sino de evitar que lo piense para asegurarse de que no lo va a decir.



P.D.: Os recomiendo encarecidamente que leáis el artículo mencionado porque es realmente interesante. ¿Qué opináis al respecto de la privacidad en las redes sociales? ¿De verdad sabemos a qué nos atenemos? ¿Es justo que alguien pierda su puesto de trabajo por tener una opinión discordante con la de su empresa?

¡Cuidaos!

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