miércoles, 11 de noviembre de 2015

#NantesYDespues IV: Cumplidos dos meses

¡Hola!

Ya han pasado dos meses desde que llegué a esta preciosa ciudad del noroeste de Francia y de momento no puedo quejarme de todas las experiencias vividas hasta ahora. Pasado este tiempo he pensado que sería interesante hacer una breve reflexión sobre todo lo acontecido, dentro de la serie #NantesYDespues.


Recuerdo los primeros días con mucho cariño por esa mezcla entre la dureza de tener que hablar en un idioma al que no estás habituado por mucho que lo hayas estudiado durante años (que ayuda, pero cuesta adaptarse, obviamente) y la emoción e ilusión propia de un niño con su juguete nuevo.
Ocho semanas después puedo decir que siento que he mejorado mi nivel de francés, al menos en lo que respecta a la fluidez al hablar, y quiero pensar que también en ciertas pronunciaciones, aunque sobre este tema queda mucho por trabajar aún.
De igual manera ya conozco bastante bien la ciudad y me muevo bastante bien en transporte público y bicicleta, y lo mismo ocurre con el trayecto al pueblo donde habita la familia el fin de semana. Me he habituado también a los horarios, las comidas y demás costumbres francesas que tanto cambian de un lado a otro de los Pirineos, dándome cuenta (otra vez) que los raros somos nosotros, que lo normal en Europa son estos horarios, estas comidas y estas costumbres. Además, estoy empezando también a valorarlas objetivamente incluso como mejores que ciertas cosas de España, y desde aquí predigo mi completa devoción y enamoramiento de la cultura francesa sin remedio si esto continúa así. Esto no quita que ciertos aspectos de mi país de origen no me gusten ni los valore, sino que (como en todo viaje o experiencia nueva que se vive el suficiente tiempo) me siento más abierto y tolerante con todo, y a la vez más crítico con lo que me rodea, sin importar su origen. Ésta es una de las razones por las que vivir en un país que no es el tuyo merece la pena, aunque sea por un corto periodo de tiempo.
Por contra, lo que echo de menos es poder conocer a gente francesa para realmente poder tener más opciones para practicar la lengua diferentes a la familia de acogida. No tengo prisa en el sentido de que sé que tarde o temprano va a llegar, pero quiero vivirlo todo aquí y ahora y siento que mis ganas me pueden. Afortunadamente, y además del grupito de españoles que ya nos conocemos, ya estoy empezando poco a poco a tener también conocidos nacidos en Francia.
En el mes y pico que me queda hasta volver a casa por Navidad (como el turrón) confío en seguir ampliando mi red de amistades francesas, en seguir mejorando mi acento y mi vocabulario (sobre todo enfocándolo también a una comunicación más coloquial y no tan "de escuela") y en ir empezando a formarme en cuanto a cómo es el mercado de trabajo francés y cómo moverse en él, algo fundamental si pretendo quedarme aquí un tiempo después de mi estancia como "au pair".
A día de hoy (y me conozco muy bien para decir que en el futuro no cambiaré de opinión) no me arrepiento de haber cogido este "último tren", pues así lo consideré en el momento de pillarlo. Me alegro mucho de estar viviendo estas experiencias nuevas para mí que tanto me están aportando como persona, y desde luego que animo desde aquí a todo el mundo a que se atreva a salir de su burbuja de seguridad de vez en cuando. Yo, lo necesitaba.


P.D.: Espero no haberos parecido muy sentimental con esta entrada, en el fondo no lo soy tanto, pero siempre viene bien expresar lo que uno siente y piensa. ¿Os ha gustado la entrada? ¿Os animaríais a vivir un tiempo en otro país? ¿Cuál sería vuestra motivación para hacerlo?

¡Cuidaos!